lunes, 9 de agosto de 2010

Escribo porque tengo ganas!!

Duendes sin paraguas

Mirándose en un espejo de agua,
un duende estaba.
Rataplín, rataplero,
con una olita se lavó la cara.

Mirándose en la luna clara
un pequeño duendecito estaba.
Cataplín, cataplero,
con una estrellita fugaz, jugaba.

Mirándose en unos lindos ojos negros,
una bella duende estaba.
Patatín, patatero,
de su enamorado corazón,
suspiros salieron.

Mirándose, mirándose,
una y otra vez
los pequeños duendes estaban,
bajo un cielito lluvioso,
sin impermeable, ni paraguas.


Laura Padrone









viernes, 6 de agosto de 2010

La luna y el duende

Por que es lindo y esta bueno reencontrarse con viejos amigos. Aquellos con los que compartimos nuestra adolescencia, parte de nuestra juventud....Hoy hombres y mujeres en plenitud.

Para todos ellos, porque la vida hizo que otra vez estuviéramos de una u otra forma en contacto, mi cariño enorme.
Esta poesía es para ustedes.

La luna y el duende                                             


La luna lunera
sentadita en su sillón
con un silbidito de viento
a un duendecito llamó.

La luna lunera
le pide al duende
que a la rueda rueda,
con ella juegue.

El duende feliz
le dice que sí,
y tomaditos de las manos,
chiribín chi chín.

Giran, giran y ruedan...
giran,giran y se marean.
La luna con coronita de estrellas
y el duende, con un gorro violeta.

LAURA E. PADRONE

martes, 6 de julio de 2010

HORMIGAS

Hoy la tarde me invito a escribir.
Mientras cuido a Mati ( mi hijo mayor), que esta enfermucho; ideas paseanderas me visitaron y en este cuento de hormiguitas se guardaron.
¡Aquí va!!                                  

                                                          
 HORMIGAS

¿Quién las ha visto? ¿Quién las ve?
Son hormiguitas, que por la tarde, van a tomar el te, a la casa de Josefa, una hormiga muy vieja.
Caminan de prisa, en patas y con las antenitas  despeinadas.
Lucen  sus vestiditos  planchados, planchaditos, con calzones arrugados, arrugaditos.
Llevan  en sus cestitas miguitas de tarta de frutillas y hojitas con gustito a miel, para compartir.
Josefa las espera, paradita en la puerta, con anteojitos de sol y un sombrero en la cabeza.
Alrededor de la mesa, se sientan las hormigas a tomar el te, a charlar un ratito y a reírse, también.
Al llegar la nochecita, con abrazos se despiden; Josefa cierra la puerta y las hormigas se van.
Caminan de prisa, hasta sus casitas, en patas y con las antenitas despeinadas.
¿Quién las ha visto? ¿Quién las ve?...
Yo las he visto y por eso este cuento te conté.

   Chin pum
      Laura

domingo, 4 de julio de 2010

GLOBOS PARA JUGAR

Días de vacaciones, tiempo de estar con mis hijos, de ir a la plaza y comer mandarinas bajo el sol, que viene a mi terraza.
Tiempo de paseos… sin gastar mucha plata, dar descanso a la abuela y tomarse un recreo.
¡Vamos, vamos!! Hoy los quiero invitar a pasear en globos, por que los cuentos, la risa, la alegría y la imaginación no deben vacacionar.

GLOBOS PARA JUGAR

En un ramillete de globos,
yo quiero viajar
llegar hasta el cielo
y al sol saludar.

Señor globero:
-¿Me me vende algunos globos?
Le doy dos monedas
y un turrón sabroso.

Quiero globos rojos,
con forma de corazón,
para regalarle a los niños
y a un monito barrigón.

A los globos, los voy a atar,
con un hilo muy, muy largo
para que todos mis amigos
me acompañen a viajar.

Paseando en globos,
hasta el cielo llegaremos
y a la ronda jugaremos…

Laura E. Padrone













sábado, 12 de junio de 2010

BELGRANO Y LOS DUENDES DE LOS COLORES.

Este cuento puede  dramatizarse en el acto por el Dia de la Bandera. Es muy sencillo y simple. El relato puede  acompañarse de la música de Lito Vitale.

BELGRANO Y LOS DUENDES DE LOS Colores.

Sobre el Arco Iris viven unos duendes traviesos; viajan por todo el mundo regalando sus colores.
El ROJO es el más inquieto, no se cansa de pintar rosales, manzanas y las narices de los payasos
El NARANJA es muy goloso, aprovecha cada vez que puede a tomarse un rico jugo de mandarina.
El color AMARILLO es amigo del otoño y ayuda a colorear todas las hojas de los árboles. También cada día le hace bellos vestidos al sol.
El VERDE es muy soñador, trabaja mucho en primavera y jamás se olvida de pintar a los árboles.
El color AZUL, se zambulle cada día en el mar.
El AÑIL y el VIOLETA son bastante dormilones, pero a ellos también les gusta pintar…
Los duendes van al jardín, pasean, juegan, colorean… pero sobre todo ayudan siempre a la gente a darle color a sus sueños y deseos.
Hacen ronda girando, formando esos bonitos colores: CELESTE Y BLANCO, que vemos cada día en el cielo.
Aquella mañana, Belgrano, estaba preocupado por que buscaba colores para nuestra bandera, pero; no tardo mucho en decidirse, CELESTE Y BLANCO, como los colores del cielo.
Belgrano estaba seguro que los colores de nuestra bandera serian los más hermosos.

                           



viernes, 4 de junio de 2010

CON ALGUNAS GORRAS

Bajo un cielo gris estábamos, GABRIELA, CLAUDIA, NANCY Y LAURA, alrededor teníamos: un libro, una bolsa y muuuchooos pequeños; inquietos, movedizos y expectantes.
En pocos segundos una fiesta de palabras, sonidos, movimientos y alegría, se armo'.
Con poca planificación y con mucha imaginación, pudimos sorprender y regalarles a los niños, la magia de un cuento, que narramos y dramatizamos en un periquete… con tan solo usar… ALGUNAS GORRAS.


CUENTO
“EL VENDEDOR DE GORRAS”

Una vez había un vendedor de gorras que se llamaba don Gorrín.
Vendía gorras rojas, azules, marrones y verdes. Pero la gorra que él usaba, no la vendía: era a cuadros blancos y negros.
-¡Gorras! ¡Gorras! ¡A veinte pesos cada una!...
Don Gorrín iba muy derecho por la calle:
-¿quién compra las lindas gorras?...
-¿Por qué va tan derecho, Don Gorrín?
-para que no se me caigan las gorras. ¿No ve dónde las llevo?
¿Saben dónde las llevaba? ¡Sobre la cabeza! Era una pila alta de gorras: primero, su gorra a cuadros blancos y negros. Encima, las gorras rojas; después las gorras azules; más arriba, las gorras marrones; y arriba del todo las gorras verdes.
-vendo gorras! ¡A veinte pesos cada una!... ¿quién compra gorras?...
Un día don Gorrín estaba triste: ¡nadie le compraba gorras!
-¿qué pasa que nadie me compra gorras esta mañana? ¡Gorras, gorras!... ¡Nada!
Ya era mediodía y no había podido vender ni una gorra.
-y ahora yo tengo hambre pero ¿cómo compro la comida si no tengo dinero?...paciencia. Voy a ver si puedo dormir un rato debajo de un árbol.
Caminó, caminó, caminó…hasta que llegó al campo.
En eso vio un árbol muy alto con muchas ramas.
-¡qué lindo árbol para dormir a la sombra!-pensó don Gorrín-Estoy cansado de caminar. Como no quería poner las gorras en el suelo para que no se ensuciaran, dijo:
-Me voy a sentar con la pila de gorras en la cabeza.
Dicho y hecho: se arrimó bien al tronco y se fue bajando despacito, despacito, hasta que se sentó en el suelo.
-¡ya está! A ver si se han movido las gorras…alzó la mano y tocó –Está bien derechita la pila. ¡Qué suerte!
Para descansar mejor, don Gorrín cerró los ojos y al rato…
-jjjrrrsss….jjjsss…-¡se quedó dormido!
De pronto, un pájaro cantó:
-¡chipit, chipit!..., ¡despierte don Gorrín!
Don Gorrín abrió un ojo, después abrió el otro…levantó los brazos y se desperezó. Abrió la boca:
-¡Buaaahhh!...-bostezó.
De pronto se acordó de las gorras. Levantó un brazo para tocar la pila.
¡No había nada! ¡Tocaba el aire!
Don Gorrín se levantó de un salto y empezó a buscar sus gorras.
-¿Dónde pueden estar?
Miró a la derecha. ¡Nada! Miró a la izquierda. ¡Nada! Miró detrás de él ¡Nada! Mitró atrás del tronco. ¡Nada!
Entonces miró para arriba…y…. ¿a qué no saben qué vio? ¡Monos!
En cada rama del árbol había un monito sentado. Y cada monito tenía… ¡UNA GORRA PUESTA!
-¡mis gorras!-exclamó don Gorrín. Y levantando un brazo les dijo:
-¡Monitos, ustedes me devuelven las gorras ahora mismo!
Todos los monitos alzaron un brazo y le dijeron:
-tz, tz, tz….
-nada de bromas conmigo-dijo don Gorrín un poco enojado, sacudiendo los dos brazos:
-Denme mis gorras.
Los monitos alzaron los dos brazos y dijeron:
-tz, tz, tz…
Esta vez don Gorrín se enojó: pegó una patadita en el suelo y gritó:
-¡quiero mis gorras ahora!
Y todos los monitos pegaron una patadita en la rama y gritaron:
-tz, tz, tz…
¡Esta vez sí que se enojó de veras don Gorrín! Saltó con los dos pies y grito furioso:
-¡quiero mis gorras, monos feos!
Y los monitos, con las gorras puestas, hicieron lo mismo: saltaron sobre los dos pies y gritaron muy enojados:
-tz, tz, tz, tz….
Don Gorrín, desesperado al ver que los pícaros monos no le devolvían las gorras, se sacó su gorra a cuadros blancos y negros y… ¡cataplún! La tiró al suelo.
En ese mismo momento…plaf, plaf, plaf…, todos los monitos se sacaron la gorra y la tiraron al suelo, tal como había hecho don Gorrín.
-¡qué suerte! ¡Por fin me devolvieron mis gorras!-exclamó don Gorrín.
Y empezó a recogerlas: hizo una pila de gorras rojas; otra de gorras azules; otra pila de gorras marrones y otra pila de gorras verdes.
-¡están todas! –exclamó don Gorrín frotándose las manos de contento.
Entonces se puso su gorra a cuadros blandos y negro encima colocó las rojas, las azules, las marrones y arriba del todo las verdes. Y muy contento volvió al pueblo gritando:
-¡gorras, gorras! ¡Lindas gorras a veinte pesos!... ¿quién compra gorras…?

Martha Salotti

              Y COLORADO COLORÍN ESTA HISTORIA DE GORRIN LLEGO A SU FIN…


PARA CANTAR Y JUGAR CON LOS CHICOS

La señorita canta, luego los niños repiten e imitan los movimientos.

VAMOS A RECLAMAR,
AL SEÑOR QUE NOS VENDIO,
UN GORRITO TAN FEO,
QUÉ GORRITO MÁS FEO!
UN GORRITO CON AGUJERO.
TE LO DIGO APLAUDIENDO... (VUELVE A EMPEZAR)
Se puede cantar también con estas indicaciones: SALTANDO, EN VOZ BAJA, AGACHADITOS…


GRACIAS

sábado, 29 de mayo de 2010

JIRAFITA COQUETONA

Hace muy poquito escribí esta poesía y hoy quiero compartirla,especialmente, con mis queridas compañeras de la Atahualpa. Mujeres coquetonas y enamoradas.
Besos, para todas.

JIRAFITA COQUETONA                           


Jirafita coquetona,
con vestido rosa
y un lindo collar.
Se mira, se mira,
su larga silueta;
en un espejito de cristal.


Tiene los labios
pintaditos de rojo;
zapatos altos, ataditos
con moños y nuditos.


Prepara su carterita,
para salir a pasear,
guarda cepillito de seda,
dos caramelos de menta
y colorete para sus cachetes.

Ya casi esta lista,
solo le falta agregar,
gotitas de un dulce perfume
y un anillito de coral.

Jirafita coquetona,
contenta a la selva  va;
alli su novio la espera,
con un ramito de estrellas
en un banquito junto al mar.

LALY

¿Se enamoran los niños?
A menudo, los niños comentan que tienen un novio o una novia en clase. Incluso pueden contar que les han dado un primer beso. Pero los niños no se enamoran. "Antes de llegar a la pubertad, todavía no están preparados biológicamente para segregar las sustancias químicas que regulan la atracción física", explica José Luis Pedreira, psiquiatra y psicoterapeuta en el hospital infantil universitario Niño Jesús de Madrid. Tampoco están equipados cognitivamente para desplegar su potencial afectivo ni llevar a la práctica el concepto de "elección mutua" propio del enamoramiento. "Lo que sí sienten es una inclinación o preferencia por uno de sus iguales, normal en su proceso de socialización, y que en muchos casos, debido a la influencia sociocultural, puede acabar resumida en la palabra novio", asegura Victoria Noguerol, psicóloga clínica especializada en abusos sexuales y maltrato infantil. Ambos expertos coinciden en que, con frecuencia, los mismos adultos que insisten en preguntarle a un niño de cinco años si tiene novia, luego eluden contestar con mensajes claros y comprensibles a sus primeros interrogantes sobre sexualidad.

Según Pedreira, también presidente de la sección de psiquiatría infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEP), "una exploración progresiva y guiada de las dudas y juegos sexuales que aparecen durante la infancia ayuda a forjar la comunicación que necesitan cuando llegan a la adolescencia y empiezan -entonces sí- a enamorarse". Pero son muchos los padres que se turban ante estas primeras expresiones de la sexualidad y prefieren aplazar el tema hasta que llega la pubertad. En cambio, permiten que su hija de ocho años pueda elegir sin interponer límite alguno la ropa que más le guste en una tienda o acceder sin matiz ni control al alud de mensajes altamente sexualizados que le llegan a través de Internet o los anuncios publicitarios. Noguerol asegura que para que estos futuros adultos tengan una vida sexual satisfactoria, los padres deberían hablar de sexo con ellos "siempre y de forma continua" y ayudarles a regular sus deseos, así como a descodificar la información que les llega por otros canales.

Pero ¿cómo?, ¿cuándo empezar? "Éstas son las demandas que surgen más a menudo en las sesiones que tenemos con los padres en la práctica profesional diaria", advierte esta psicóloga clínica, directora del Centro Noguerol y supervisora de la unidad de clínica de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). En la respuesta coincide con otros expertos: casi nunca hace falta sentar a un niño para hablar de sexo. A lo largo de todas las etapas evolutivas, los niños obsequian a sus padres con maravillosas y puntiagudas preguntas o escenas que ofrecen oportunidades de intervención. Algunos ejemplos pueden ser de gran utilidad. Imaginemos que Juan y María son compañeros de clase. Tienen seis años. Están jugando a médicos cuando de repente empiezan a desnudarse. La madre de Juan entra en el cuarto y observa la situación, pero en lugar de regañarlos, aprovecha ese escenario improvisado para preguntarles qué están haciendo y entablar una conversación con ellos. Con esta actitud receptiva, los niños van a preguntarle, seguramente, por qué sus órganos sexuales son diferentes o cómo se hacen los bebés.

¿Cómo contestar? "Las respuestas deberían ser cortas, directas y honestas, adecuadas a su posibilidad de comprensión, y contener los elementos de respeto, privacidad, ausencia de culpa e intercambio afectivo, propios de una sexualidad sana", asegura Pedreira. Un niño de seis o siete años está preparado para entender una primera pincelada de cómo funciona la reproducción en los humanos. Pero si a la pregunta se responde que vienen de París con una cigüeña, el menor entenderá que no puede confiar en ese adulto y volverá a indagar más adelante, quizá en otro entorno menos adecuado. "Los niños hacen estas preguntas para tantear si pueden confiar en el adulto", insiste el psiquiatra, que advierte que "hay tres temas que les preocupan desde pequeños: el del amor, el del sexo y el de la muerte". Los primeros interrogantes aparecen ya en torno a los dos años y versan sobre las diferencias anatómicas que observan entre las personas de su entorno. Pero la sexualidad se manifiesta en todos los estadios evolutivos, y los juegos de médicos o las primeras masturbaciones son, añade Noguerol, "pura exploración sana", que requiere que el adulto detecte cuando se hacen demasiado persistentes o enseñe a respetar los límites de la privacidad.

Hasta los 10 años, el entorno familiar del niño es el que modela este proceso evolutivo y constituye el modelo del que se nutren. Por eso, Noguerol subraya la importancia de que "los adultos den ejemplo, con mensajes de una sexualidad incorporada como expresión saludable de sus actitudes afectivas, y eviten turbarse o dar respuestas evasivas, porque lo que se oculta puede convertirse en un factor de riesgo". "Cuando el niño ha podido explorar todos estos temas con naturalidad y sin culpa, llega a la adolescencia preparado para confiar en sus padres, en su pareja y, no menos importante, para respetar los deseos del otro.

Un estudio reciente, publicado en la revista Pediatrics de la Academia Americana de Pediatría (AAP), evidenció que muchos adolescentes tienen poca o ninguna comunicación con sus padres sobre sexo. Los autores alentaban a los padres a iniciar este intercambio antes de la pubertad.

Noguerol asegura que buena parte de los adolescentes que ya han tenido sus primeras relaciones sexuales expresan en la consulta un grado de satisfacción muy bajo con estas experiencias, acompañados de una enorme frustración "por una sensación de haber empezado demasiado pronto, sin haber tenido el suficiente tiempo para explorar la sexualidad, arrastrados por la presión del grupo". Esta psicóloga clínica insiste en que "tan importante como la formación y la información sexual es la educación en el conocimiento de los límites de sus conductas". Una de las demandas que reciben en la terapia tiene que ver con una dificultad a poner límites a sus actitudes verbales, a veces incluso violentas. La psicóloga advierte que empezar a enseñarles entonces a regular sus deseos y sus frustraciones puede ser demasiado tarde.